Hoy hace setenta años de la finalización del conflicto bélico que ponía fin a la experiencia de la democracia republicana y a todas las transformaciones revolucionarias habidas durante la propia Guerra. Igualmente se inauguraba un nuevo modelo estatal, representado por la figura del dictador Francisco Franco. Con ello se iniciaba una brutal represión política contra todas aquellas ideas y formas de comportamiento que no estaban en la línea de las autoridades triunfantes.
No fue el fin de una guerra, fue el comienzo de una victoria que bien cara pagaron los perdedores.
La derecha más recalcitrante, mantiene ideas insostenibles justificando la revuelta de la derecha contra el Gobierno Republicano con teorías como las del hispanista inglés Gerald Brenan, al calificar la insurrección izquierdista del 34 como “la primera batalla de la guerra civil”.
El hispanista inglés percibió cómo entonces se produjeron en escala reducida, y sobre todo en Asturias, los mismos fenómenos que a partir de julio del 36: persecución de la Iglesia, encarnizamiento en la lucha, crímenes de retaguardia, rivalidades entre las izquierdas, tensiones separatistas, etc. Sin embargo, esto no pasa de ser una intuición no demostrada.
Esta misma derecha que agranda estos hechos, minimiza los acaecidos por la Rebelión de Sanjurjo de 1932, aduciendo que como no participó en ella el principal partido de la derecha, Acción Popular, eje de la posterior CEDA, ni figuras militares del relieve de Franco, no fue “de la derecha”, sino de un sector mínimo de ella.
Para ellos, en cambio, la insurrección del 34 la protagonizaron los dos mayores partidos de la izquierda, el PSOE y la Esquerra catalana, más otros menores, como el PCE, el embrión del POUM, o, en Asturias, los anarquistas.
Así mismo, (aún no comprendo cómo puedo dar publicidad a estas ideas pasquinistas de la derecha), existe otra diferencia crucial consistente en las intenciones de cada acción: el PSOE y, de hecho la Esquerra, planificaron su alzamiento como una guerra civil en toda regla, mientras que Sanjurjo pretendía el clásico golpe o pronunciamiento, rápido y poco sangriento.
Siguiendo esta delirante argumentación, la derecha, que ante el asalto izquierdista del 34 había defendido la ley y las libertades, terminó por alzarse a su vez, a la desesperada, en julio del 36, contra un proceso revolucionario que amenazaba con aplastarla y con desintegrar la nación. Calienta la sangre de las venas y hace perder la compostura, oír en boca de la derecha que: “En sus planes no entraba una guerra civil, sino un golpe rápido en pocos días. Pero el golpe fracasó y derivó en una larga y cruenta contienda”.
Lo cierto es que hubo un alzamiento de las fuerzas antidemocráticas, que acabó con la vida, tanto de los miles de muertos en los frentes y en las poblaciones como de todos los que tuvieron la “suerte” de vivir en el exilio dejando atrás su vida.
La derecha española no había conseguido llegar a gobernar en España por elecciones democráticas hasta el año 2006. ¿Cómo pueden tachar de golpistas a los partidos democráticos de izquierdas?
Afortunadamente, el resto de las ideas y opiniones que se puedan tener sobre la desastrosa Historia de España desde 1936 a 1939 y los años posteriores hasta la vuelta de la Democracia, están más que reflejadas tanto por los historiadores como por escritores y cineastas que han encontrado un filón de oro y han hecho que este sea el tema más tratado dentro del mundo de la cultura española.
Por todo lo pasado en este país, por las repercusiones que aún tiene este tan injusto derramamiento de sangre, y por los miles de cadáveres no identificados enterrados en fosas comunes es de justicia recordar lo que significaron aquellos acontecimientos y va siendo hora de hacer justicia histórica sobre todo lo sucedido.
Lo que voy pensando de lo que va pasando © 2009



¿Para cuando más?
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